Programa del curso 2026-27

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lunes, 29 de junio de 2026

Los reyes de la casa

 

Los reyes de la casa (Delphine de Vigan)

Comentario complemento de la sesión del Club de lectura del
26 de junio de 2026.


Por Isabel Anaya



Delphine de Vigan nació en 1966 en Francia, escribe novelas, guiones y ha dirigido películas. Cursó estudios de Ciencias de la Información y la Comunicación. Por la calidad de sus obras, ha sido galardonada con numerosos premios y nombrada “Oficial de la Orden de las Artes y las Letras” de Francia. Libros publicados: Días sin hambre, sobre su propia experiencia con la anorexia, Los chicos guapos, Una tarde de diciembre, No y yo, Bajo el abrigo, Las horas subterráneas, Nada se opone a la noche, Basada en  hechos reales, Las lealtades, Las gratitudes y Los reyes de la casa, sobre el que va la reseña. 

Los reyes de la casa, fue publicada por Anagrama en 2022. La novela se mueve entre el thriller policial y la novela social, subyace en el relato una información sacada de artículos periodísticos y de psicología que se va desplegando al hilo del argumento sin que el lector lo note. En la narración se mezcla la tercera persona que cuenta la trayectoria de los principales personajes, una simbiosis entre la segunda persona de las fichas policiales y la primera persona de los videos que se intercalan en las fichas policiales sobre el caso de la desaparición de una niña y la primera persona, la voz de la madre de la niña con sus entradas en redes sociales, usadas como elementos de la investigación. 

En la novela se enfrentan dos posturas vitales ante el mundo de hoy, encarnadas en Mélanie Claux, casada y madre de dos hijos de seis y ocho años, la típica influencer de éxito que vive y hace vivir a su familia en un mundo virtual, que la ha hecho millonaria en seguidores y dinero, por medio de la publicidad encubierta de los productos que dice consumir o se ven en su hogar.

La otra postura es la de Clara Roussel, mujer policía, soltera y con los pies en la tierra, educada por unos padres luchadores por los ideales de la izquierda francesa tolerante y comprometida, que le han dejado su impronta. Tras la misteriosa desaparición de Kimmy,  hija pequeña de la influencer, confluyen las existencias de estas dos mujeres de edades similares y contrapuestas personalidades.

Clara Roussel vive al margen de redes sociales y de cuanto sucede en el mundo virtual, pero en el curso de la investigación hace una inmersión en éstas, para analizar sus mecanismos de adicción y comprender la mentalidad de los usuarios abusivos. Los padres de la pequeña Kimmy no han recibido petición de rescate o chantaje que dé a la policía una pista sobre sospechosos o del móvil del secuestro, sólo les llegó algunos vídeos donde se comprueba que la niña está bien cuidada y tranquila.

Mélanie Claux, su marido y su hijo Sammy, se ven arrojados a la vida real que no se puede controlar con emoticonos o likes, en la que se sufre indefensión, miedo y no todo se puede comprar ni simular felicidad y éxitos, consiguiendo millones de seguidores que usen los productos que se  promocionan e incrementen cuentas bancarias. La inspectora Roussel va descubriendo la lucrativa ficción que ha creado la familia Diore, al ver los cientos de videos que ha colgado Mélanie de ella y de sus hijos. Sus cortas vidas han sido retransmitidas en directo y los han convertido en estrellas mediáticas. Los Diore se muestran en la falsa cotidianidad de su hogar, disfrutando de parques de atracciones o de compras, en las que Mélanie pide a sus seguidores consejos para escoger entre diferentes artículos. Tales estratagemas hacían que sus followers se sintieran importantes para los Diore y encontraran su tribu en la comunidad digital que ha creado Mélanie, Happy Break, su canal de You Tube con cinco millones de suscriptores.

Mujer solitaria y absorbida por su trabajo, Clara observa con incredulidad ese mundo convertido en un gigantesco holograma, una Matrix en la que discurre la existencia virtual de buena parte de la humanidad en el siglo XXI. Se siente desfasada y anormal en la manipulada normalidad de su época, fruto de la ingeniería social que sustenta al desaforado consumo impuesto por el neocapitalismo.

La autora se vale de los personajes de Clara Rousel y Melanie Diore y sus respectivas familias para enfrentar dos formas de estar en el mundo de interactuar en él. Melanie ha seguido programas de telerrealidad con sus padres que no se cuestionaban la moralidad de sus contenidos, al igual que Melanie que los ha ido normalizando, interiorizando y convertido en aspiración, un camino rápido y sin esfuerzo para obtener éxito y dinero.

Al contrario, los Rousel encarnan a la clase social comprometida con los ideales de lucha y solidaridad de la izquierda francesa, influida por los ideales del mayo del 68, y reciclada para combatir los males del siglo XXI. Clara fue un elemento discordante en su familia al elegir ser policía, pero su decisión fue respetada aunque considerada misión de los guardianes del enemigo que los ha perseguido en las manifestaciones contra un sistema político y económico que rechazan. En el tratamiento de los personajes de la familia Rousel, se adivina la añoranza de la escritora por una época de compromiso social con cuyos ideales se siente identificada. 

La inspectora Rousel es un personaje solitario, tal vez porque se encuentra en tierra de nadie y emocionalmente dividida entre las posturas vitales de su familia, condicionantes de su educación, frente a las que observa en familias y personas como los Diore, todo ello  hace que se sienta inadaptada y extraña. Su inadaptación la lleva a la soledad y a refugiarse en su trabajo que ejerce con excesivo perfeccionismo y dedicación. Clara nos ayuda a analizar con mente crítica los programas de telerrealidad, el fenómeno de los influencers y sus armas de persuasión para hacernos comprar tal o cual artículo. Técnicas de neuromarketing dirigidas a la parte del cerebro más animal —territorio del inconsciente, los automatismo irracionales de la conducta y las emociones primarias— son contenidos enseñados en universidades como la de Stanford en California, donde estudiaron buena parte de los informáticos que fundaron  empresas tecnológicas como Google o Facebook y que han diseñado los algoritmos.

Delphine de Vigan pone el foco principal de nuestra atención en Sammy y Kimmy, exponiendo la indefensión de los niños influencers sin leyes efectivas que los protejan. Seguimos a los hermanos hasta 2031 para ver los impactos sicológicos de vivir sin intimidad, a golpe de guión y obligados a colaborar en la simulación creada por sus padres. La autora se fundamenta en las  investigaciones de psiquiatras sobre adultos que fueron niños estrellas y sus psicopatías o adicciones, como consecuencia de la ansiedad inherente a la fama.

Delphine de Vigan con Los reyes de la casa, consigue hacernos reflexionar sobre los efectos en niños, jóvenes y adultos de los contenidos de la telerrealidad y las redes sociales en la actualidad, y dichos efectos predecibles en un futuro que ya está aquí. Sitúa la acción en París, prototipo de sociedad desarrollada, y en dos tiempos: finales de 2019 y  2031.

Los reyes de la casa forma parte de esa literatura social que surge por las necesidades de cada época, en la que el escritor asume el rol de los antiguos profetas alertando sobre los peligros que se ciernen sobre la comunidad, sin que ello le reste calidad a la novela ni la haga caer en el mesianismo. Hay reseñas que encajan a la novela dentro del género distópico, no estoy de acuerdo al narrar una realidad de la sociedad actual, en el salto temporal de su última parte describe un futuro que ya es presente. Recomiendo su lectura  especialmente a padres, educadores y programadores de  contenidos audiovisuales.

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