JERUSALÉN la ciudad imposible. Claves para comprender la ocupación israelí.
Comentario complemento de la sesión del Club de lectura del
31 de octubre de 2025.
Por Araceli Callejo
El autor:
Meir Margalit nació en Argentina en 1952, con 20 años emigró para instalarse en Israel. Soñaba con un sionismo utópico sobre el que había leído en textos y libros, además, estaba influido por las ideas de su padre, un superviviente del holocausto, quien le decía que el Estado de Israel era el único lugar seguro para los judíos.
Sirvió en el Ejército en Gaza y resultó herido en la guerra del Yom Kippur de 1973, y allí empezó a reflexionar sobre “el precio de esa Gran Israel”. El sionismo que había estudiado estaba muy lejos del sionismo que vivía: “Durante unos años fuimos un país con un Ejército. Hoy somos un Ejército que arrastra a todo un país. A este respecto asegura que una sociedad totalmente militarizada termina siendo “el lugar más inseguro del mundo para los judíos” y que “Si hay algo que esta guerra ha dejado muy claro, es que el sionismo ha sido un gran fracaso”.
Es concejal en el ayuntamiento de Jerusalén, por el partido pacifista Meretzen dos ocasiones, de 1998 a 2002 y de 2008 a 2014. Activista israelí por la paz y los derechos humanos, muy crítico con la sociedad israelí, da un paso más allá diciendo: “Quisimos ser Atenas y nos convertimos en una Esparta”. También fue cofundador de la ONG Comité Israelí contra la Demolición de Casas.
Margalit, también es historiador, es doctor en Historia Israelí Contemporánea por la Universidad de Haifa y, en cuanto a su labor docente, desarrolla su actividad en el ONO Academic College, además de impartir conferencias y seminarios en distintas universidades europeas y americanas.
Ha publicado varios libros, además de “Jerusalén, la ciudad imposible” (2017) por el que se le concedió el premio CATARATA.
(2024) El eclipse de la sociedad israelí o el oscurecimiento de la sociedad israelí.
(2008) Discrimination in the Heart of the Holy City, sobre la discriminación en el centro de la ciudad de Jerusalén.
(2010) Seizing Control of Land in East Jerusalem, sobre la apropiación de tierras en Jerusalén Este.
(2014) Demolishing Peace, sobre la destrucción de la paz.
Y el último, de 2025, El Delirio de Israel.
Desde hace años concede entrevistas a diversos medios de comunicación como La Vanguardia, elDiario o el País. También a cadenas de radio como “la SER” sobre todo en los últimos dos años desde los atentados de HAMAS.
Antecedentes conflicto árabe-israelí.
Unos pocos antecedentes: al final de la primera Guerra Mundial y ante el desmantelamiento del Imperio Otomano, Gran Bretaña se hace cargo de los territorios de Oriente Medio, principalmente Irak y Palestina (1920-1948 aproximadamente), lo que se ha venido llamar EL MANDATO BRITÁNICO. La política británica de “divide y vencerás”, como así hizo al final de la Gran Guerra apoyando la independencia árabe frente al imperio otomano (había petróleo), y así también lo hizo en la India de la mano de Lord Louis Mountbatten, Gobernador General y Virrey de la India azuzando los conflictos entre musulmanes y brahamanistas. Así lo asegura la historiadora Margaret MacMillan en su obra “París 1919”, que analiza la Conferencia de Paz de París de 1919 y sus consecuencias.
En 1917, Gran Bretaña, manifiesta públicamente su apoyo a dotar al pueblo judío de un “hogar” en territorios de Palestina. A continuación, se produjo una masiva migración de judíos a tierras palestinas dando origen al Estado de Israel. En 1947 la ONU aprueba una resolución con la creación de dos estados, resolución mal recibida por ambas partes, estallando una guerra entre judíos y palestinos al día siguiente de la resolución. En 1948, Israel declara su independencia, lo que desencadenó la primera guerra árabe-israelí. Después vino la guerra de los 7 días, en 1967, en la que Israel conquistó terrenos a los árabes, continuando con la expansión ilegal mediante asentamientos de colonos, tanto en Gaza como Cisjordania. A la vez, la zona Este de Jerusalén pasó también a manos judías, declarándola en su totalidad, entera y unificada, como capital legítima del estado de Israel. Conflicto de más de 58 años atravesados por guerras, atentados, intifadas, conflictos, acuerdos, tratados de paz, etc., nunca respetados por ambas partes.
¿Por qué es tan importante Jerusalén?, pues porque la ciudad vieja alberga santuarios de suma importancia y es el centro espiritual de las tres religiones monoteístas: el islamismo, cristianismo y judaísmo.
JERUSALEN LA CIUDAD IMPOSIBLE.
El libro está estructurado en siete capítulos y un epílogo final.
En el primer capítulo, que titula la NO CIUDAD DE JERUSALEN, Margalit argumenta que Jerusalén ya no cumple con muchos de los requisitos de lo que se entiende por ciudad: unos mínimos comunes sociales, culturales, funcionales entre sus distintos habitantes, entre sus diferentes comunidades. En lugar de una cohesión mínima, lo que hay es una ciudad dividida por barreras étnicas, religiosas, nacionales, socioeconómicas, lingüísticas que conviven, pero muy separadas y profundamente tensionadas. Hay tres jerusalenes incompatibles la judía religiosa, la judía laica y la oriental o parte árabe/islámica, además de una población cristiana de no más de 12.000 habitantes. Cada comunidad tiene su lengua, sus celebraciones religiosas, culturales, lúdicas, sus planes educativos diferentes entre sí, etc. Algo que imposibilita la cohesión social, aspiraciones y objetivos. No se puede hablar de ciudad cuando sus partes no comparten derechos, recursos o reconocimiento
En el segundo capítulo repasa el marco histórico-político de la anexión por parte de Israel Este tras la guerra de 1967, y aborda la OCUPACIÓN como eje de la vida cotidiana o como él llama “la ocupación como axioma de base”, es decir: la ocupación que no es sólo presencia militar o política sobre un territorio, sino que afecta a toda la gestión municipal. Afecta al urbanismo, planificación, servicios segregados y discriminación, poniendo el acento en que para que exista ocupación, los ocupados han de sentirse así, algo así como sentirse esclavos sin que exista la esclavitud, algo que él llama EL STATE OF MIND, se sienten ocupados y discriminados independientemente de que los ocupadores lo vean así. Es una ocupación visible y una ocupación oculta, que conduce a unas desigualdades prolongadas. Pero Margalit también dice que ese estado mental atrapa y afecta a los ocupadores, a los esclavizadores, del que emana una superioridad permanente, generando una asociación simbiótica que tiende al conflicto. No es de extrañar, por tanto, que las relaciones humanas en Jerusalén sean las más virulentas del país.
En el capítulo tercero desarrolla el concepto de JERUPACION.
La segregación urbana y espacial de los barrios palestinos vs barrios israelíes, con infraestructura diferenciada, barreras físicas, planificación municipal que favorece claramente una parte, la judía.
Margalit a esto lo denomina “jerupación” (mezcla de Jerusalén + ocupación + urbanización) para referirse al proceso mediante el cual Jerusalén Este es absorbida, administrada y tratada no como una parte igual de la ciudad, sino como periferia, o como objeto de control, excluyendo el pleno disfrute de derechos municipales a los palestinos.
Se promueven políticas de “judaización”: la parte israelí impulsa demografía, expansión de asentamientos, infraestructura orientada a consolidar una mayoría judía, con implicaciones discriminatorias para la población palestina. Aunque Margarit no utiliza exclusivamente este término, éste está presente en análisis sobre población y urbanismo.
Cómo la identidad nacional, religiosa y urbana se ven afectadas. Los palestinos de Jerusalén no son ciudadanos, sino que tienen un estatus de “residentes permanentes” a menudo, no ciudadanos plenos; viven en una ciudad que oficialmente es “unida” pero en la práctica está dividida.
Jerusalén como ciudad santa de varias religiones, su papel simbólico y religioso añade capas de complejidad y tensión al conflicto urbano y al conflicto árabe-israelí, contribuyendo a que Jerusalén sea escenario de violentos atentados, intifadas, revueltas, etc. Conflictos acrecentados por la desigualdad imperante.
En el capítulo cuarto, analiza los resultados de los dos gobiernos de Barkat, una primera etapa que supuso un crecimiento económico mediante la llegada de un turismo masivo, aspecto este que benefició a toda la población, pero especialmente a la parte occidental judía y en mucha menor medida a Jerusalén Este, pues los palestinos fueron la mano de obra barata que sostuvo ese crecimiento mediante trabajos precarios y bajos salarios.
El segundo mandato, Barkat, con aspiraciones a formar parte del gobierno israelí, se alineó con los partidos más ultras, dando un rumbo diferente a sus políticas, y la paz que se había dado en la etapa anterior se quebró. Ante la inseguridad dejó de llegar turismo, la economía se contrajo y la violencia volvió a las calles.
El resto de los capítulos analiza sucesos históricos que explican y corroboran sus hipótesis de partida, como son el secuestro y asesinato de Mohamed Abú khdeir, un adolescente palestino de 16 años que dio lugar, en julio del 2014 a la tercera intifada y a los sucesivos levantamientos juveniles y al estado de excepción.
No obstante, se ha ido observando lo que se ha venido a llamar la crisis identitaria del palestino de Jerusalén o la atracción que ejerce el sistema israelí sobre la población árabe, que arrastra a los palestinos con ciertas posibilidades a, por ejemplo, enviar a sus hijos a colegios judíos o las universidades israelíes de mayor prestigio y con mayor éxito de cara a un mejor proyecto personal y laboral.
Finalmente, Margalit no se queda solo en la crítica, sino que propone vías de transformación o al menos de visibilización de la injusticia: su experiencia como activista y como concejal da paso a reflexiones sobre la posibilidad de otro Jerusalén — una Jerusalén para todos, no fragmentada, que la ciudad sea una capital compartida por dos naciones, aunque a estas alturas es imposible dividirla. Trazar una línea tajante y dividirla físicamente es, imposible. Entonces propone una “división funcional”, es decir una ciudad abierta y sin muros ni fronteras siendo la parte oriental la capital del Estado de Palestina y la parte occidental capital de Israel, con sus ayuntamientos o municipalidades propios y administrada de acuerdo con las leyes vigentes, propias de cada país. Habría una administración conjunta que se encargaría de aquellos aspectos imposible de separar: agua, saneamiento, contaminación ambiental, etc. Y como dice Margalit, la ciudad de momento sigue su triste historia DE CIUDAD IMPOSIBLE



