Programa del curso 2026-27

PROGRAMA DEL CURSO 2026-27

Carrusel programa 2025-26

jueves, 25 de febrero de 2021

Tombuctú

 Sesión virtual del Club de Lectura abierta el 25 de febrero de 2021,

por confinamiento debido al COVID-19


Obra: Tombuctú
Autor: Paul Auster
Presenta: Manolo Mellado


Paul Auster nació en 1947 en New Jersey y estudió en la Universidad de Columbia. Tras un breve periodo como marino en un petrolero vivió tres años en Francia, donde trabajó como traductor– "negro" literario de otros escritores–, y cuidador de una finca; desde 1974 reside en Nueva York. Fue galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 2006 por su carrera literaria. Paul Auster es considerado uno de los mayores innovadores de la narrativa norteamericana del siglo XX, al nivel de William Faulkner, Ernest Hemingway y Henry Miller.

En sus obras, el azar, el sino, el destino, siempre está a prueba. Es verdad que el azar siempre mueve nuestras vidas, pero él lo explicita, hace de ello el conductor de sus tramas. Persigue en lo cotidiano bifurcaciones surgidas de acontecimientos aparentemente anodinos (como en La Música del Azar o Leviatán). El estilo se muestra sencillo, con diálogos frescos, naturales, pero esconde una compleja arquitectura narrativa, andamiaje de digresiones, de múltiples historias dentro de la historia. Te ves atrapado en el laberinto de personajes para apropiarnos de otras existencias ajenas o disfrutar perversamente de su condición lamentable o fatídica, ofrece varios finales posibles, saltando entre historias menores o anécdotas sin explicar el porqué.

Mete una historia dentro de otra, como en las Ruinas Circulares de Borges (1) o cuando un escritor escribe sobre otro escritor que escribe una novela al estilo de Cervantes. Se suele decir que sus novelas son de personajes corrientes sometidos a circunstancias excepcionales, pero como se lee en algún sitio, estos personajes no son tan simples, sino que como los Cervantes suelen apostarlo todo en aras de sus ideales. Realmente toma personajes corrientes, del montón, para convertirlos en seres complejos y excepcionales.

Alguien ha definido a Paul Auster como existencialista determinista (2). Parece un oxímoron, una contradicción, pero con Paul Auster las dos ideas se complementan. Parece como si todo estuviera determinado y el azar nos vaya llevando a ese destino inexorable, pero, realmente, ese destino está sujeto a las decisiones que se toman, es decir, que la existencia la definimos nosotros con nuestros actos y decisiones. Aunque, claro, también se podría alegar, como dice la Biblia, que tenemos libertad para decidir pero Dios ciega a quien quiere perder.
Gran parte de las historias trascurren en castillos, monasterios medievales, caserones... En sentido estricto, el terror gótico (3) fue una moda literaria, de origen fundamentalmente anglosajón, que se extendió desde finales del siglo XVIII hasta finales del siglo XIX, como reacción al Racionalismo. Fue el preludio de novelas románticas de vampiros y otras como Frankestein, etc. Normalmente hay un malvado y una inocente muchacha en apuros. Novela gótica al estilo de Kafka, donde se refiere a que la especie de terror se desarrolla en castillos, aunque este terror no sea el de vampiros, muertos, etc, sino un terror más psicológico.

OBRAS

La Música del Azar. Jim Nashe abandonado por su mujer, recibe una inesperada herencia de un padre que nunca conoció y que le permitirá vagabundear por América en un Saab rojo, de motel en motel, en una soledad casi completa. Tras un año de esta vida, y cuando apenas le quedan diez mil dólares de la herencia, conoce a Jack Pozzi, joven jugador profesional de póquer. Los dos hombres entablan una peculiar relación y Jim Nashe se constituye en el socio capitalista de Pozzi. Acuden a una partida con dos estrafalarios millonarios donde pierden todo y se entrampan. La solución para el pago de la deuda es trabajar en un proyecto, que se transforma en un dominio de la literatura gótica de terror, aunque este terror no sea el de vampiros, muertos, etc, sino un terror más psicológico, entre Kafka y Beckett, que los va ahogando y subyugando, en un mundo en el que no quieren estar pero del que no pueden escapar.

Leviatán es la biografía de Benjamín Sachs, también escritor, que muere al estallarle una bomba y la policía investiga a todos los personajes, sobre todo al escritor de la novela sobre Benjamín. La biografía es doble ‒biógrafo frente a biografiado‒ como alguien frente a un espejo que le devuelve la imagen de otro, proyectada al infinito y denuncia el poder imperial.
Leviatán es un ineludible, azaroso, laberíntico encadenamiento de circunstancias. Una ficción sobre dos escritores, dos concepciones de la literatura.
La novela está llena de historias dentro de historias, encadenadas por un argumento que es lineal sólo en apariencia, con una prosa escueta a pesar de su perfección, tensa como una cuerda de acero que une las brillantes gemas de la narración. Hay una parte narrada en tercera persona, aunque posteriormente explica la razón.
Dice algo así como: “Si no le hubiera presentado a una mujer, no hubiera conocido a la otra y Sachs estaría vivo”.

En la Trilogía de Nueva York algo sucede y después ya no se pueden parar las consecuencias, o sea: somos juguetes del destino. Entreteje la ficción con la realidad y uno de sus personajes (no el narrador) se llama como él. En Leviatán, Peter Aaron, el narrador, tiene sus mismas iniciales y conoce a una mujer (Iris) que es anagrama de su esposa Siri. En La Noche del Oráculo, otro se llama Trause (anagrama de Auster).

Ciudad de Cristal, primera novela de la trilogía, representa a un investigador que resulta ser un escritor. Al final se pasa de narrar en tercera persona a primera.
Fantasmas, segunda novela de la trilogía, ya no se pregunta quién es el culpable, sino qué es ser culpable.
La Habitación Cerrada es la tercera novela de la trilogía y narra el encuentro de un novelista con sus propios demonios, a raíz de la desaparición de un amigo de la infancia.

El País de las Últimas Cosas muestra cómo son las cosas en la ciudad: “Cada vez que crees saber la respuesta, descubres que la pregunta no tiene sentido”.

La Invención de la Soledad (Solitude) permite auscultarse a través del dinero.

El Libro de las Ilusiones descubre a unos personajes que han muerto, cuando en una anterior simplemente habían desaparecido.

El Cuaderno Rojo es una serie de casualidades de la vida del autor: “El mundo es un misterio azaroso”; se hacía novelista mientras descubría “la música del azar”.

Tombuctú recuerda al Unamuno de Niebla: Desmedidos apetitos de una época embelesada por el narcótico de la banalidad y el hedonismo. Es el mundo visto por un perro que comprende el inglés.

Experimentos con la Verdad muestra que nada es igual a partir de un rayo que alcanza a otro niño que iba delante de él en un campamento.

El Palacio de la Luna proyecta una irónica simbiosis de tres notables viajeros del pasado, como la primera novela que escribió Benjamín Sachs en Leviatán.

Un Hombre en la Obscuridad muestra un fatalismo al que intenta sobreponerse el creador de este embrollo, pues como confiesa en lo que tal vez sea la piedra angular de cuanto leemos, “Voy con cautela porque veo que la historia puede tomar un camino u otro, y todavía no he decidido el sentido que quiero darle. ¿Esperanza o desaliento? Existen ambas posibilidades, y ninguna me satisface plenamente. ¿Podemos tirar por el camino de en medio después de semejante comienzo, después de dejar estupefacto al pobre Brick y arrojarlo a los lobos? Probablemente no. Concita, entonces, pensamientos oscuros, y va al fondo de la cuestión, sigue hasta el final.” Son dos historias paralelas en que los personajes y sus acciones deambulan de una a la otra. Quizá la primera idea sobre la novela es la muerte de un hijo de David Grossman en la guerra de Palestina. Es enrevesada hasta que te das cuenta del asunto después de los dos tercios de la novela. Aquí surgen las únicas pegas que he visto: historias de personajes secundarios prescindibles y la poco creíble conversación con la nieta sobre sus relaciones con putas en sus años más jóvenes.

Notas
(1) Ruinas circulares de Borges: Su hijo no es más que un sueño suyo y él descubre en el momento de su muerte que es el sueño de otra persona.

(2) Existencialismo: Uno de sus postulados fundamentales es que en el ser humano "la existencia” precede a la “esencia” (Sartre), es decir, que no hay una naturaleza humana que determine a los individuos, sino que son sus actos los que determinan quiénes son, así como el significado de sus vidas. El existencialismo defiende que el individuo es libre y totalmente responsable de sus actos. Esto incita en el ser humano la creación de una “ética” de la responsabilidad individual, apartada de cualquier “sistema de creencias” externo a él. La vida real de la persona es lo que constituye lo que podría llamarse su «verdadera esencia» en lugar de estar allí atribuido a una esencia arbitraria que otros utilicen para definirla.

(3) Terror Gótico: Gran parte de las historias trascurren en castillos, monasterios medievales, caserones... En sentido estricto, el terror gótico fue una moda literaria, de origen fundamentalmente anglosajón, que se extendió desde finales del siglo XVIII hasta finales del siglo XIX, como reacción al Racionalismo. Fue el preludio de novelas románticas de vampiros y otras como Frankenstein, etc. Normalmente hay un malvado y una inocente muchacha en apuros.



TOMBUCTÚ. RESEÑA

Mr. Bones es un perro de raza indefinida, pero de una inteligencia muy precisa. No habla inglés, quizá porque se lo impide la forma de sus fauces, pero tantos años escuchando el incesante torrente verbal de su amo han hecho que lo comprenda a la perfección, y que pueda pensar e interpretar el mundo con una sensibilidad muy canina y una sintaxis muy humana. Porque Mr. Bones tiene siete años y ha vivido desde que era un cachorro con William Gurevitch, más conocido como Willy Christmas desde que Santa Claus le habló desde el televisor, provocando en él una auténtica experiencia mística. Willy es un vagabundo, un poeta errante, un excéntrico superviviente de las revoluciones de los sesenta.
En un principio, se asoció con Mr. Bones en busca de protección, porque la vida en las calles es muy dura, pero lo que podría haber sido una mera alianza de conveniencia se convirtió en algo mucho más intenso, un mutuo descubrimiento (Willy hasta llegó a crear una sinfonía de olores, una obra de arte canino para deleitar a Mr. Bones), un amor sin condiciones. Juntos han recorrido América, han sobrevivido a duros inviernos en Brooklyn y han vuelto a salir a la carretera con la llegada del buen tiempo. Y ahora están en Baltimore, viviendo la que quizá sea su última aventura en común: desde hace días Willy presiente que está llegando al final del camino, y antes de dirigirse a ese otro mundo que él y Mr. Bones llaman Tombuctú quiere encontrar a Bea Swanson, la profesora del instituto que le abrió las puertas de la poesía, para confiarle lo único que le importa en la vida, sus setenta y cuatro cuadernos de poemas y el leal, inteligente, notable Mr. Bones.

TOMBUCTÚ. COMENTARIOS

William Gurevitch. tras problemas con las drogas y con enfermedades mentales, ve alterada su soledad debido a la llegada de Mr. Bones, un perro que él acoge como mejor amigo. De hecho, vagabundo y perro se hacen tan cercanos que dialogan y discuten diariamente comprendiendo cada uno el idioma del otro. Ya en la primera página, cuando Willy comienza a estornudar dejando flemas y sangre, Mr. Bones aparece pensando como si fuera un adulto o un niño con pensamientos coherentes.

Mr. Bones asiste a los últimos días de Willy, a sus interminables monólogos en los que rememora su existencia y la certidumbre de que el fin está próximo, y con él la partida hacia la mítica Tombuctú en la cual moran los seres humanos tras la muerte. Realidad y recuerdos se entremezclan, y Willy se dirige hacia Baltimore en la que, preso ya de su delirio preagónico, se siente como en la Polonia de sus ancestros. Cuando Willy desaparece de su vida, el perro conoce otra parte, a veces oscura y a veces feliz, de la convivencia con diversas personas. Comienza así una nueva historia como perro vagabundo; se encuentra con niños que abusan de él y otros que le ofrecen su protección. Incluso llega a formar parte de una familia burguesa; le alimentan, le ofrecen cuidados y limpieza. Su periplo de amo en amo es al mismo tiempo la constatación de que no puede fiarse de nadie y de que siempre hay alguien dispuesto a acogerlo, aunque ambas condiciones vayan irremediablemente unidas. Pero ninguna de estas experiencias igualará lo aprendido y convivido con Willy: la autenticidad de la vida, la complicidad de una relación, quedará siempre en el recuerdo.

Mr. Bones nunca pierde a la figura de Willy como fuente principal de sabiduría; éste incluso vuelve de Tombuctú para hablarle en sueños y es así como la narración va y viene sin perder a Willy como eje central de la vida del perro. Más adelante, Willy se le presenta nuevamente en sueños para aclararle que en Tombuctú se admiten perros, que lo suyo está arreglado y que, mientras tanto, se porte bien. Este hecho precipitará el desenlace. Durante toda la novela se van dando pistas para adivinar el final, pero la solución que da al desenlace esperado es realmente imaginativo.

La novela no tiene diálogos. Se basa en los monólogos interiores de los protagonistas. Se reciben de esta manera descripciones detalladas mezcladas con pensamientos, vivencias y sentimientos, del animal y de quienes le rodean. Una historia breve, pero intensa, que habla del amor, la lealtad y la fidelidad. La descripción de la vida horrible de Willy en la casa paterna muestra casi en plan jocoso una situación irrespirable.

Esta obra retoma el tema constante del azar en Paul Auster, la narración ágil y sencilla queda parcialmente abierta al final, porque en ella lógicamente actuará la aplastante fuerza de este azar. Que Willy tuviera aversión a llamar por teléfono a Bea Swanson ya formaba parte del destino de Mr. Bones, determinado por cada una de las decisiones que se toman a lo largo de la historia. En Baltimore, Willy se lo juega todo a una carta, como en cualquier juego de azar, al buscar la casa de la señora Swanson.

Aunque hay un cierto consenso de los críticos en que es una novela menor de Auster, a mí es una de las que más me han gustado, quizá porque una lectura por segunda vez se hace con mayor detenimiento. La historia es perfectamente coherente y creíble, con tal de poner a un niño en lugar de a un perro; es verdad que algunas escenas no serían adaptables con un personaje infantil, pero en la mayor parte de la obra el perro refleja cierto parecido con la manera de pensar de niños con diferentes edades.

Auster escribe en tercera persona, pero parece que quienes hablan son los dos personajes principales; al relatar usa un registro diferente para cada uno de los personajes como si de escritura en primera persona se tratara, dando un estilo fresco con las ventajas del escrito omnisciente y la cercanía interior de la primera persona. A mí me parece poesía, un canto a la inocencia, precioso, tierno (especialmente la historia con el chico chino). Los monólogos del capítulo 2 hay que leerlos muy despacio, porque son largos y se corre el riesgo de aburrirse y perderse, pero son espectaculares.

Se acusa a Auster de alargar sus escritos innecesariamente. Sin embargo, en el capítulo 4 muestra que el libro podría ser mucho más corto si sólo contase la historia del perro, pero a la historia se le suman todas las ideas de los personajes respecto de las situaciones de la vida; precisamente esas digresiones de Willy y Mr. Bones es lo que le da interés al relato. Los pensamientos de los personajes permiten al autor hablar de conceptos importantes, como, por ejemplo, cuando Mr. Bones tiene lástima de Dick que sólo se interesa por cosas no importantes, o cuando Polly piensa en las relaciones con su marido.


viernes, 29 de enero de 2021

El Llano en llamas

 Sesión virtual del Club de Lectura abierta el 29 de enero de 2021,

por confinamiento debido al COVID-19


Obra: El Llano en llamas
Autor: Juan Rulfo
Presenta: Araceli Callejo


Biografía:

Juan Rulfo nació el 16 de mayo de 1917 en Jalisco. Registrado en Sayula, vivió parte de su infancia en la población de San Gabriel. El dato exacto sobre el lugar de nacimiento se diluye entre Sayula, Jalisco, y otros dos asentamientos: Apulco y San Gabriel, la hacienda de su madre y poblado donde el autor pasó parte importante de su niñez. Los tres son ejemplos de comunidades tradicionales, crecidas alrededor de la parroquia, hechas a ésta en sus ritmos y en sus costumbres. Los acontecimientos en su entorno familiar, la orfandad, la vida en las haciendas y en el campo, destruidos por la violencia desatada en el primer tercio del siglo XX por las dos guerras: la Revolución mexicana y la Contrarrevolución cristera. Todo ello atraviesa su obra.

Su infancia transitó por un campo de batalla entre las fuerzas irreconciliables que se disputaban el futuro del país. La violencia de los años veinte, que el autor vivió muy de cerca, produjo la mayor parte de los escenarios de sus narraciones. En ese momento Jalisco se debatía entre el radicalismo de la Iglesia y el radicalismo o bien liberal o bien jacobino de los sucesivos gobiernos estatales y federales. La gente del campo, como la familia de Rulfo, se encontraba en el último sitio, marginados por las pugnas por el poder entre antagonismos irreconciliables. La tragedia tocó de cerca al escritor cuando en 1923 su padre fue asesinado. En una región convulsa como aquella, la muerte del padre tenía como deriva la doble orfandad: la mujer sola, despojada, no quería –tal vez no podía–seguir viviendo. Su madre murió en 1927. Esta violencia fracturó la niñez y la educación de Rulfo. Las dificultades escolares del autor son, a la vez, síntesis de la difícil historia de su familia y la de su comarca. En el contexto de un conflicto entre la educación laica y la religiosa. Hasta 1926 se educó en un colegio religioso y cuando la Guerra Cristera provocó el cierre del colegio, Rulfo fue inscrito en el Colegio laico Luis Silva de Guadalajara por decisión de su tío. Rulfo permaneció en el internado del colegio hasta 1932, cuando ya tenía quince años. El 20 de noviembre de 1932, a instancias de su abuela materna, quedó inscrito en el Seminario Conciliar.

En medio de los sucesivos lutos, y de manera paralela a su educación formal, una experiencia decisiva en la formación de Rulfo fue el acceso a la biblioteca del cura Ireneo Monroy. Según el testimonio del autor, la biblioteca mostraba las trazas de las actividades de un precavido mediador entre las letras y la comunidad. Cuando el sacerdote se fue a la Cristiada, dejó sus libros en la casa donde vivía: “Tenía muchos libros porque él se decía censor eclesiástico y recogía de las casas los de la gente que los tenía para ver si podía leerlos. Tenía el índex y con ése los prohibía, pero lo que hacía en realidad era quedarse con ellos porque en su biblioteca había muchos más libros profanos que religiosos, los mismos que yo me senté a leer, las novelas de Alejandro Dumas, las de Víctor Hugo, Dick Turpin, Buffalo Bill, etc. Todo eso leí yo a los diez años, me pasaba todo el tiempo leyendo, no podías salir a la calle porque te podía tocar un balazo”.

Los años de formación de Rulfo corresponden al tiempo en que el discurso revolucionario se iba agotando, antes de volverse estéril. El México de los años treinta y cuarenta, con la consumación del espíritu revolucionario, a la vez capitalista y social, aún prodigaba un sentimiento de confianza suficiente como para que el joven de Jalisco se animara a hacer la crítica, con una cierta fe en que aún se podían corregir los errores.

Entre 1934 y 1939, pasó por Apulco, Guadalajara y Ciudad de México sin llegar a terminar una educación universitaria reglada. Comenzó a trabajar en la Secretaría de Gobernación como clasificador del Archivo. A partir de 1941, se estableció como agente de migración en Guadalajara.

También para entonces Juan Rulfo ya tomaba fotos, la fotografía fue un medio de conciliar mundos que tanto en la vida real como en la literatura parecían distantes. El cuento, la novela y la fotografía, tres prácticas en las que Rulfo especializaría su carrera dedicando muchas horas a escuchar historias y a plasmar imágenes. Esto se materializó en la década de los 50 cuando publicó sus obras más importantes.


Rulfo como escritor.

Novelista, cuentista, fotógrafo y editor, a Rulfo se le reconoce, sobre todo, por su volumen de cuentos El Llano en llamas (1953) y su primera novela Pedro Páramo (1955). A partir de la aparición de estos títulos mantuvo un contacto frecuente con el cine; su segunda novela, El Gallo de oro (1958), el cortometraje El despojo (1959) y su participación en la película La fórmula secreta (1964) son una muestra de ello. Durante las dos últimas décadas de su vida, se encargó de editar en el Instituto Nacional Indigenista una de las colecciones de antropología contemporánea más importantes de México. En todas estas variadas manifestaciones puede comprobarse que el pensamiento y las actividades de Rulfo se movieron entre dos poderosos polos: la ficción y la historia, la tradición literaria escrita y las riquísimas fuentes orales, la imagen verbal y la imagen fotográfica, la cultura cristiana y la sólida pervivencia de culturas indígenas en México y en América, la modernidad laica y la vitalidad de concepciones del mundo distintas, pero de ningún modo inferiores, la antropología y la realidad presente, la geografía rural y la vertiginosa mutación del paisaje urbano; pares de conceptos que para el autor fueron retos y estímulos, unas veces en franco contraste y otras en armonía. Juan Rulfo jamás narró lo que le proporcionaba la tragedia familiar y la experiencia autobiográfica, rara vez presta su voz narrativa a los licenciados, hacendados o administradores, como su abuelo o su padre. Por el contrario, tanto la narrativa como la fotografía de Rulfo buscan los espacios y las historias que dan cuenta de las secuelas de la violencia como la crisis de la cultura católica y los asentamientos de los pueblos indígenas en los que nunca se llegó a terminar la tan traída y llevada “reforma agraria”. El autor nació y se crio en una atmósfera de guerra, en la que se generaron gran cantidad de relatos orales; aprendió a contar escuchando y por eso dio voz en sus páginas a personajes locales y regionales

Entre 1952 y 1954, Rulfo gozó de uno de los poquísimos apoyos de los que dispuso a lo largo de su vida: fue becario del Centro Mexicano de Escritores concluyendo en el segundo año como becario Pedro Páramo. Su publicación en 1955 fue el acontecimiento más significativo en su carrera literaria. La novela fue reseñada inmediatamente después de su aparición. Por último, la entrega del primer Premio Xabier Villaurrutia fue no sólo un reconocimiento al joven escritor, sino un espaldarazo al propio premio, que desde entonces se convirtió en uno de los más prestigiosos de Iberoamérica.

Rulfo en el cine y como fotógrafo.

Entre 1944 y 1964, Juan Rulfo demostró un gran interés por la fotografía, los guiones, la fotografía de actores y actrices, e incluso la participación en la producción de algunas películas. Eran los años del gran desarrollo del cine como un arte. La obra fotográfica del Rulfo se puede dividir en tres grupos: de personas o grupos humanos, de paisaje del campo o urbanos y de arquitectura antigua o contemporánea, colonial e indígena. Junto al retrato de indígenas y mestizos del campo como portadores de una vigencia y vitalidad indudables, el tema de la historia como pasado presente es decisivo en su iconografía. 

Sus incursiones en el cine durante los años sesenta fueron como guionista. La primera fue el cortometraje El despojo, que se filmó entre 1959 y 1960, bajo la dirección de Antonio Reynoso. Años más tarde, en 1964, se filmó La fórmula secreta cuyo título original era Coca Cola en la sangre en la que se buscaba nuevos medios de expresión para impedir que se olvidara la persistente crisis del campo mexicano. La película obtuvo el primer lugar en el I Concurso de Cine Experimental. La participación de escritores como guionistas fue muy nutrida, indicio de que éstos veían en la industria cinematográfica una alternativa moderna y una vía para influir más allá de los circuitos reservados para los autores cultos. El propio Luis Buñuel expresó personalmente a Rulfo su deseo de adaptar Pedro Páramo al cine. La película apareció en 1966, con argumento y guion de Carlos Fuentes.

Rulfo como editor.

Hizo valer sus conocimientos de historia regional y su paso como clasificador y archivero en el Archivo General de la Nación para recomendar la edición de muchos libros, consiguiendo, además, que se publicaran y distribuyeran en Guadalajara una serie de documentos sobre la conquista de Nueva Galicia. Sin embargo, la tarea editorial más importante fue la que realizó en el Instituto Nacional Indigenista a partir de 1962. Durante su estancia en el INI se inició la vasta colección de títulos de arqueología, antropología social y cultural, a la que se dedicaría el último tercio de su vida, una suma de 70 volúmenes durante 23 años.

Después de El llano en llamas y Pedro Páramo, Rulfo publicó esporádicamente algunos otros textos. Se sabe que tenía planeado, cuando menos, otro volumen de cuentos y quizás otras dos novelas. En 1968, el escritor envió una solicitud de beca a la Guggenhein Foundation en la que incluía un plan de su obra futura. Para la solicitud de la beca dice lo siguiente: “Tengo en proyecto una novela en la que he venido trabajando durante algún tiempo; pero con grandes dificultades, ya que su desarrollo se localiza en la Región Occidental de México y el Sur de los Estados Unidos durante la expulsión de los jesuitas en 1767 (…) lo que esta obra requiere no es una definición, sino el conocimiento de una ruta que se inicia en las lejanas provincias de California y la costa del Pacífico; así también llegar a conocer qué lugares fueron centros de cordillera y cuáles fueron sus principios o sus términos. En resumen, lo que más requiere este trabajo es la ubicación del marco donde se desarrolla, pues el argumento es puramente imaginativo”.

En los fragmentos recopilados en Los cuadernos de Juan Rulfo se vislumbran proyectos iniciados y no acabados En su conferencia de 1965, Situación actual de la novela contemporánea, dictada en el Instituto de Ciencias de Chiapas, Rulfo expresó “…deben comprender que en primer lugar, no soy un crítico literario, y en segundo, que si un escritor, quienquiera que sea, hace crítica literaria, acaba por ser destruido por esa misma crítica”. Durante las últimas décadas de su vida, Rulfo impartió lecturas y conferencias en distintas partes de México y del mundo.

En 1968 recibió el Premio Nacional de Literatura. A partir de entonces y prácticamente hasta su muerte, no dejó de ser premiado con algunos de los más importantes premios que se otorgan a los escritores en México y en Iberoamérica. En 1979, recibió la Condecoración General Miranda del gobierno de Venezuela y el Premio Jalisco en el Teatro Degollado de Guadalajara. En abril del año siguiente fue objeto de un Homenaje Nacional. La importancia del escritor para la cultura mexicana en aquel momento se advierte en el hecho de que él fue el primer artista vivo que recibió la distinción. Tres años después recibió el Premio Príncipe de Asturias y dos años más tarde ingresó a la Academia Mexicana de Lengua. Este mismo año, la Universidad Nacional Autónoma de México le concedió el Doctorado honoris causa.

Los últimos textos que escribió durante la década de los ochenta fueron diversos prólogos, entre otros para la edición de 1985 de La Historia general de las cosas de la Nueva España, además de un artículo “México y los mexicanos”, en el que retomó el asunto aún vivo del “mestizaje”, concepto que a sus ojos fue una estrategia de los criollos para simplificar el complejo proceso que la pura dinámica, ya de por sí intensa, de la fusión de dos culturas. Hasta en sus últimos textos, Rulfo defendió la multiculturalidad de México como un ejemplo de la desafiante riqueza de la población americana.

Juan Rulfo murió de la Ciudad de México el 7 de enero de 1986 por un cáncer pulmonar. El cuerpo fue llevado al Palacio de Bellas Artes, donde recibió honores de las autoridades de la República y de la gente común.

A pesar de ser aparentemente muy breve, la obra de Rulfo sigue siendo seductora para lectores, críticos, escritores y académicos. Su narrativa permanece como un monumento del arte literario en un puñado de páginas. Sus textos se han convertido en un campo de batalla para todo tipo de interpretaciones. De ellos se han hecho las más diversas exégesis, que actualizan al texto mismo al tiempo que desvelan los propósitos de cada lectura. En ellos puede encontrarse una muestra representativa del estado de la crítica a propósito de su obra, la nómina de ensayos, interpretaciones, tesis, libros y artículos académicos a propósito de Juan Rulfo ha crecido enormemente, como lo han hecho las reediciones, reimpresiones y traducciones de sus obras. La obra de Rulfo es de lectura obligatoria en la mayoría de las universidades españolas en los estudios de filología.

Y su influencia no se queda en lo literario, si no que han aparecido y siguen apareciendo libros que estudian y reproducen su trabajo como fotógrafo. Entre ellos se encuentran Juan Rulfo. Letras e imágenes (2002), Tríptico para Juan Rulfo (2006), y 100 fotografías de Juan Rulfo (2010). 

El Llano en llamas

El Llano en llamas y otros cuentos salió publicado inicialmente en 1953 por el Fondo de Cultura Económica en la colección Letras Mexicanas. La primera edición reunía cuentos publicados durante la década anterior en diferentes revistas literarias, a los que el autor agregó unos cuantos más, todavía sin publicar o más recientemente escritos. Así, en 1945, “Nos han dado la tierra” y “Macario”, “Es que somos muy pobres” (1947), “La cuesta de las comadres” (1948), “Talpa” (1950), “El Llano en llamas” (1950) y “Diles que no me maten” (1951). Los no publicados eran “El hombre”, “En la madrugada”, “Luvina”, “La noche que lo dejaron solo”, “Acuérdate”, “No oyes ladrar los perros”, “Paso del Norte”, y “Anacleto Morones”.

Las ediciones que siguieron la de 1953 no presentan la misma composición ni el mismo número de cuentos ni el orden de los textos. Incluso reescritura hecha por Rulfo. Los cuentos “El día del derrumbe”, “La herencia de Matilde Arcángel” y “Un pedazo de noche” fueron añadidos en reediciones posteriores. Estas especificaciones editoriales ponen de relieve el cuidado que Rulfo prestó a su obra, a la vez que demuestran que nunca la dio por concluida. De hecho las dos ediciones que he manejado son la de Editorial Sudamericana de 2000 en formato digital y la de Editorial Anagrama de 1993. En ambas ediciones los cuentos presentan distinta ordenación. 

El contexto de la obra podría decirse que se enmarca en las profundas transformaciones de la sociedad mexicana a raíz de la Revolución de 1910. Y el “pesimismo” del autor al ver el balance negativo del proceso de institucionalización de la Revolución. En los años cuarenta y cincuenta el sentimiento acerca de la Revolución “interrumpida”, o “traicionada” está presente en la crítica de importantes sectores de la sociedad mexicana ante la gastada e inútil retórica oficial. A esta visión desencantada del proceso “modernizador” respondería la mayoría de los temas abordados por los cuentos de El Llano en llamas. Rulfo logra hacer ver cómo se veía la revolución, personajes como Pedro Zamora serían un reflejo de algún personaje histórico real de la revolución mexicana, el cual antes de ser visto como un bandido era tomado como un caudillo en búsqueda de la libertad. Todos los personajes de esta obra son personas campesinas, de la zona rural de México, son pobres, explotados por hacendados ricos, que luego se las tienen ver con los líderes de la revolución mexicana y los soldados del gobierno. En los cuentos aparece la venganza entre familias, la desesperación de un padre, la pobreza extrema que condiciona una vida porque se les ha muerto una vaca, la traición entre los revolucionarios, la superstición, la falacia de los políticos, la vida de los arrieros, la emigración, los revolucionarios cristeros, las relaciones incestuosas y la culpa. Todo ello en un paisaje como el de Comala, en el estado de Colima, y en Jalisco, lugar con un sol inclemente, de tierras pobres, arenosas, duras, agrietadas y secas, en donde la reforma agraria nunca fue concluida y acarreó más problemas que los que ya había, y en donde los campesinos apenas podían sobrevivir. 

Los cuentos están narrados en primera y tercera persona, así Juan Rulfo logra crear una ambientación en los pueblos de los relatos en donde cada personaje vive en la pobreza pero recuerdan el pasado hermoso, tienen un presente lleno de desgracias, pero sus recuerdos es lo único que tienen para vivir, tienen mucho de la narración realista mágica. Todas las historias son llamativas y se pueden llevar a cualquier parte de Latinoamérica. En El Llano en llamas, aparece la huella del habla popular, rural o regional tanto en el lenguaje de los narradores como en los personajes. Tampoco hay referencias espaciales y temporales precisas en la ambientación de las acciones de las tramas, y por tanto es difícil de trasladar los contenidos de lo narrado a una “realidad” acotada. Rulfo reelabora y transforma la tradición oral y popular al ponerlas en contacto con las nuevas narrativas latinoamericanas.

Rulfo pone en boca de sus personajes la narración, es la voz de “los de abajo” en un mundo ficticio, no recurre al narrador “omnisciente” que lo hace “desde arriba” y “desde fuera”. En “Nos han dado la tierra” en la última frase del relato: “Nosotros seguimos adelante, más adentro del pueblo. La tierra que nos han dado está allá arriba”. Esta referencia espacial, opone el “arriba” del Llano con el “abajo”, lo alto y lo bajo. Esta dicotomía está presente en todos los cuentos. En otros relatos como “el hombre” recurre la narrador testigo y al narrador en tercera persona al que sitúa a una gran distancia “en la otra orilla” del río: “Los pies del hombre se hundieron en la arena dejando una huella sin forma, como si fuera la pezuña de algún animal […] Pies planos – dijo el que lo seguía – Y un dedo menos. Le falta el dedo gordo en el pie izquierdo. No abundan fulanos con estas señas. Así que será fácil.” 

La crítica en estos últimos años ha puesto el acento en la “oralidad” en los cuentos de Rulfo y en lo que atañe al “sentido trágico” que subyace en su obra, pero al preguntarle acerca del carácter "negativo" de su narrativa Rulfo contesta: "No, en absoluto. Simplemente se niegan algunos valores que tradicionalmente se han considerado válidos, están satirizados y ponen en tela de juicio estas tradiciones nefastas, estas tendencias inhumanas que tienen como únicas consecuencias la crueldad y el sufrimiento”.

viernes, 11 de diciembre de 2020

El día de la lechuza

 Sesión virtual del Club de Lectura abierta el 11 de diciembre de 2020,

por confinamiento debido al COVID-19


Obra: El día de la lechuza
Autor: Leonardo Sciascia
Presenta: Lola Acosta


Leonardo Sciascia. Biografía

Nació en 1921, Hijo menor del administrador de una azufrera, Leonardo Sciascia estudió magisterio en Caltanissetta (Sicilia) y dedicó parte de su vida a la enseñanza (en Racalmuto entre 1949 y 1957, y en Caltanissetta desde 1957 a 1969). Publicó su primer libro en 1956, Las parroquias de Regalpetra, una narración aparentemente neorrealista, en realidad autobiográfica y ensayística ambientada en un pueblo siciliano, trasunto claro de Racalmuto.

Después de su jubilación anticipada en 1970, ejerció el periodismo (Corriere della Sera), junto con la práctica de la literatura y la enseñanza hasta convertirse en uno de los novelistas italianos más importantes del siglo XX. Simpatizó con el Partido Comunista Italiano del que acabaría apartándose para adoptar una posición independiente, lo mismo le pasó con el Partido Radical. En efecto, fue elegido en 1975 por la lista comunista como concejal de la ciudad de Palermo, pero dimitió dos años más tarde; luego fue elegido diputado europeo y diputado al congreso italiano (1979-1983) por el Partido Radical de Marco Panella.

Formó parte de la comisión de investigación sobre el secuestro y asesinato de Aldo Moro, sobre el que escribió El Caso Moro (1978). Falleció de cáncer en Palermo (1989). Todo ello le valdría un amplio reconocimiento y estima, hasta el punto de que escritores, políticos y público en general lo consideraran "conciencia crítica de Italia" por su implacable denuncia de la corrupción política y de la violencia mafiosa.

Los temas de sus obras
Sicilia y los sicilianos están presentes en la mayoría de sus obras, traducidas a numerosos idiomas. Sciascia legó su interpretación del mundo y de los grandes interrogantes de la humanidad a través de su "sicilianidad", no en vano la mayor parte de sus novelas están ambientadas en esta isla mediterránea.

Publicó en 1961 su primera novela policiaca sobre la mafia, El día de la lechuza. Otras obras de la misma temática son A cada cual lo suyo (1966). El archivo de Egipto donde describió Sicilia a finales del siglo XVIII. En el último decenio publicó un buen número de novelas breves de gran intensidad: El teatro de la memoria, 1912+1, La bruja y el capitán, Puertas abiertas, El caballero y la muerte y Una historia sencilla.

Destacó particularmente por sus retratos del poder político italiano, reflejando la complejidad de sus implicaciones con el mundo empresarial y su penetración en la cultura y la sociedad italianas. Buen ejemplo de ello fue su obra Todo modo (1974).

Sicilia


Sicilia es el punto de partida de las creaciones de Leonardo Sciascia. Cuando en una entrevista se le preguntó a Leonardo Sciascia quién era, contestó: "uno, ninguno y cien mil", éste es el título de una célebre novela de Pirandello, porque hay mucho que une a Sciascia y Pirandello, a pesar de la diferencia generacional que los separan, y es un modo de ser, la "insularidad", la sicilianidad. Como dice Sciascia, una "insularidad vencida", a diferencia de la insularidad victoriosa de Inglaterra. Sicilia marca profundamente a todos sus escritores y artistas —desde Giovanni Verga y Pirandello, a Tomasi di Lampedusa, Brancati, Sciascia, etc.—, ligados a ella por una relación de amor-odio, de insatisfacción por su realidad histórica, fruto de las diversas estratificaciones culturales que se han alternado y condensado en la isla: culturas como: la griega, la latina, la árabe, la normanda, la española, hasta, incluso, esa unidad italiana hacia la cual han manifestado su rechazo los movimientos separatistas del siglo XIX y de la segunda posguerra mundial del siglo XX.

Durante largo periodo de tiempo se había querido crear la apariencia de una uniformidad italiana inexistente, pero esto habría llevado consigo que los pequeños estados que conformaban a Italia antes de su unidad en el siglo XIX hubieran tenido que desaparecer en la nación, los dialectos en la lengua literaria y, Sicilia es la región que más activamente ha resistido a esa manipulación de la historia y de la libertad, y ha demostrado que vive una vida con carácter nacional propio más que regional, manteniendo una independencia espiritual manifiesta. Sin embargo, el inmovilismo político siciliano, su arcaica y sofocante estructura social, su atraso económico y, la mafia siempre omnipotente, provocan el fenómeno impresionante de la deserción al Norte de sus trabajadores, paralela al abandono de sus intelectuales que se van al "continente". Hay que añadir que Italia recibió y sigue recibiendo de Sicilia y del sur de la península la mayoría de sus intelectuales.

Guerra fría, secuestro y asesinato de Aldo Moro


Considero de interés incluir aquí el enlace sobre el político, presidente de la República Aldo Moro, con cuyo partido Leonardo Sciascia colaboró, a favor de una labor unificadora, integrante de los diferentes partidos en Democracia Cristiana Italiana y el llamado Compromiso Histórico, pero fue impedido por el secuestro y asesinato de Aldo Moro, se insinúa el poder de la mafia y la probable implicación de los servicios de inteligencia internacionales C.I.A. y servicios de inteligencia europeos siendo el ejecutor probado Mario Moretti y Las Brigadas Rojas , años más tarde se especularía sobre la verdadera autoría del asesinato de Aldo Moro. No son pocos los que insinúan que detrás de aquella acción podría haber estado la organización paramilitar conservadora Operación Gladio, fundada en los años 50 con objetivo de impedir el acceso al gobierno italiano del Partido Comunista.





EL DÍA DE LA LECHUZA
Il Giorno della Civetta: terminada en 1960 y publicada por primera vez en 1961 por la editorial Einaudi.
La historia está inspirada en el asesinato de Accursio Miraglia, un sindicalista comunista, que tuvo lugar en Sciacca (Ciudad del sur de Sicilia) en enero de 1947 por la mafia de la Cosa Nostra.

Sciascia ya había comenzado a escribir sobre la mafia en 1957 al revisar el libro de Renato Candida, comandante de los carabinieri en Agrigento, quien se inspiró en el personaje del Capitán Bellodi, el protagonista de la novela. 

Sciascia en la primera edición declaraba la verdad implícita en la ficción de la novela escrita en una libertad no plena, pero significativa hacia una literatura que hasta ese momento había proporcionado una representación apologética de la mafia y de una sociedad que, en los órganos políticos y de información, incluso negaba su existencia. (Se pretendía hacer creer que esta organización era de tipo esotérico, tipo Los Rosacruces).

La novela nos habla de un pueblo de Sicilia, y de un crimen que se comete en la plaza mayor, cuando había cincuenta personas subidas al autobús y todos lo vieron por la ventanilla. Sin embargo, nadie recuerda nada, y el jefe de carabineros, llegado de Parma, trata de romper ese implícito pacto de silencio de los sicilianos echando mano de toda clase de artimañas.

La novela evoluciona hacia la repercusión en las altas esferas y a medida que asciende el asunto, éste va cobrando otra clase de tintes.

Trama
Salvatore Colasberna, presidente de una pequeña empresa de construcción llamada Santa Fara, muere asesinado en la Piazza Garibaldi cuando se va a subir al autobús de Palermo.

Cuando llegan los carabineros, los pasajeros se van alejando poco a poco, a escondidas, el autobús se queda vacío y sólo quedan el conductor y el revisor, que dicen no reconocer al muerto y no recuerdan quiénes eran los pasajeros. El vendedor de tortas, que estaba en el suelo en el momento del crimen, tampoco él sabe nada y, de hecho, dice que ni siquiera oyó el disparo.

Las investigaciones están encomendadas al Capitán Bellodi, comandante de la compañía de C. de Emilia de Parma, ex partisano, destinado a convertirse en abogado, pero que había permanecido de servicio en el Ejército debido a sus altos ideales y desconocedor del clima de silencio que caracteriza a Sicilia y sus habitantes, actuando, por tanto, de un modo legal intentando resolver dos crímenes relacionados con este asunto de Colasberna (actuaciones de la mafia). 

La trama mafiosa implicada en este asunto por cuestiones de competencia entre diversas empresas, cuenta con relaciones importantes con un diputado de Estado italiano, el onorevole, quien consigue que trasladen a Bellodi, por los problemas que está creando al calificar el asesinato de Colasberna de asesinato mafioso, con pruebas y desmontando todo el entramado de la Cosa nostra.

Una galería de personajes representantes de los diferentes estatus y, sobre todo, de la forma tradicional de pensar y actuar conforme a unos cánones de la sociedad siciliana y de la política nacional, repleta de “asuntos” turbios se nos va revelando y Sciascia nos lo relata de forma muy aclaratoria en El día de la lechuza.

Hay varios fragmentos en la historia que llaman poderosamente la atención y están relacionados tanto en el lenguaje como en la forma del pensamiento siciliano: Sciascia hace pronunciar a Don Mariano la frase que contiene la expresión idiomática "quaquaraquà", destinada a hacerse famosa y a conectar en la cultura popular al mundo mafioso y a los conceptos que lo rigen:

“Tengo una cierta práctica del mundo; y lo que decimos humanidad, y nos llenamos la boca para decir humanidad, hermosa palabra llena de viento, la divido en cinco categorías: hombres, mitad hombres, homínidos, (con respeto hablando) pigliainculo y quaquaraquà ... Muy pocos hombres; los mitad hombres pocos, porque me contentaría con la humanidad si se detuviera en los mitad hombres ... Pero no, baja aún más, a los hombrecitos: que son como niños que se creen adultos, monos que hacen los mismos movimientos que los adultos ... E incluso más abajo: los pigliainculo, que se están convirtiendo en ejército ... Y finalmente el quaquaraquà: que deberían vivir como patos en charcos, porque su vida no tiene más sentido y no más expresión que la de los patos ... Ella, aunque me clave en estas cartas como un Cristo, eres un hombre ... "
Son las palabras que Don Mariano Arena dirige al Capitán Bellodi cuando lo está deteniendo.

Pero finalmente, todo el expediente llevado a cabo por el capitán Bellodi queda zanjado cuando los poderes fácticos sacan a Arena de la cárcel y hacen creer que el asesinato de Colasberna y el de Nicolosi, ha sido un asunto de celos.

Todo el entramado mafioso local, y en parte, nacional, se encarga de protegerse a sí mismo valiéndose de diversas escaramuzas y medios de comunicación que hacen que el castillo probatorio quede desmantelado gracias a una coartada de hierro construida por personalidades muy importantes, de políticos interesados en proteger a los suyos. Finalmente, Bellodi fue trasladado al norte.

Encontramos fragmentos realmente indignantes, especialmente, en cuanto al trato de las mujeres se refiere.

Con sus pensamientos y con su última declaración, Bellodi cierra la novela:

«[...] se sentía convaleciente: muy sensible, tierno, hambriento. Al diablo con Sicilia, al diablo con todo". Llegó a casa alrededor de la medianoche, atravesando toda la ciudad a pie. Parma estaba hechizada d nieve, silenciosa, desierta. "En Sicilia, las nevadas son raras", pensó, y que quizás el carácter de las civilizaciones venía dado por la nieve o por el sol, según predominasen nieve o el sol. Se sentía un poco confuso. Pero antes de llegar a casa, sabía lúcidamente que amaba Sicilia y que volvería.

"Aunque me deje la piel" -dijo en voz alta.

La Nota de 1972 escrita al final del libro, explica el propósito del trabajo
En 1972 Sciascia adjuntó una Nota al texto, con motivo de la edición einaudiana que ese año se publicó en la serie «Lecturas para la escuela media». El breve apéndice recuerda cómo en 1960, año en que se redactó la obra, el gobierno negó la existencia de la mafia, a pesar de que existían documentos que acreditaban su presencia. "La investigación parlamentaria sobre las condiciones económicas y sociales de Sicilia (1875) y la paralela, realizada por iniciativa propia por dos jóvenes académicos, Leopoldo Franchetti y Sidney Sonnino", los ensayos de Napoleone Colajanni y la acción del prefecto Cesare Mori - quien en los veinte años que no había escatimado métodos drásticos para erradicar el fenómeno, proporcionaron una descripción clara.

El lenguaje en El día de la lechuza
Se trata de una obra de un lenguaje sencillo y comprensible para todos, cuya mayor dificultad podría residir en conseguir identificar y no confundir a la diversidad de personajes de nombres diferentes con apodos parecidos, apodos sicilianos con sufijo en iedu, idu uco etta que se suelen corresponder con hombrecillos que para conseguir algo de influencia se valen de artimañas como “ser confidente”, “tener un amigo diputado” y que, como toda la sociedad siciliana, viven en sus carnes la estructura y el entramado social que el pueblo impone.

A pesar de esa claridad y sencillez y contenido político- social, la obra puede presumir de una profundidad humanidad filosófica y sentido común.

Dialectalismos en la obra de Sciascia
Hay una serie de términos dialectales en la obra de Sciascia, que se corresponden con frases hechas, enunciados de carácter sentencioso, de estructura fija que brota del ingenio y de la sabiduría del pueblo. Pertenecen a la mafia tradicional siciliana, basada en las reglas de honor, familia, en las costumbres y arraigadas a la tierra siciliana. 

La acción mafiosa está repleta elementos culturales muy arraigados en las tradiciones: el honor, la amistad, la exaltación de la violencia como instrumento de ascenso social, la "omertá" y la capacidad de venganza. Éstos son algunos de los valores básicos que guían el comportamiento de un uomo d'onore y constituyen un sistema de normas no escritas que se utilizan para juzgar las acciones de los individuos. Implícito en el lenguaje y explícitamente contado en la historia de la obra y que quedan reflejados en El día de la lechuza.

Relaciono a continuación algunas palabras y frases que nos permiten comprobar hasta qué punto lenguaje y pensamiento están imbricados el uno en el otro, de modo tal que son en sí mismos la descripción de la cultura siciliana (especialmente lo que ellos llaman refranes).

Lupara, milite, coshe, guardianía, continental (Referido a una persona que vive al norte de Sicilia y expresada en la obra en un momento que indica alivio y desprecio al mismo tiempo)

La muerte no es nada comparada con la vergüenza.

Campiña blanca, simiente negra: el hombre que la hace, siempre la piensa.

Cómo se desahogan en esta tierra con cartas anónimas. Todos escriben, se olvidan de firmar, pero escriben. 

Hay gente que nunca duerme.

Tenemos la esperanza que el onorevole le haga comer polenta.

A nivel literario, todavía no existía ningún libro que revelara los mecanismos de la mafia y los modos de acción de la organización criminal. Se había publicado una comedia en dialecto, I mafiusi di la Vicarìa (coescrita por Gaspare Mosca y Giuseppe Rizzotto), mientras que el anglicista Giovanni Alfredo Cesareo había escrito un texto en el idioma titulado Mafia para el teatro. Sin embargo, se trataba de trabajos que analizaban a la mafia considerando solo su impacto en la burguesía, en términos de "una visión de la vida, una regla de comportamiento, una forma de realizar la justicia, de administrarla, fuera de las leyes y organismos estatales".

Por tanto, era urgente trabajar en literatura un texto que antepusiera al Estado a los hechos consumados, una historia que revelara el drama del fenómeno a toda Italia, para que a través de la trama de un libro el problema adquiriera relevancia política y estuviera a la vista de todos. 

El porqué de mi propuesta
Como siempre, es un placer leer a Sciascia, uno de eso escritores sagaces, observadores, perspicaces por naturaleza y por la experiencia recibida de un entorno donde la verdad es una especie de juego de niños al que a veces se juega, pero en el que nunca se cree.

Considero a Leonardo Sciascia un gran escritor del siglo veinte, vinculado, en cierto modo a la historia de Europa y con valor y voluntad suficientes para escribir a favor de la libertad.

También me parecía un libro que podía suscitar el interés de nuestros lectores dada la condición humana, histórica, y sociológica del mismo, todo incluido en un sólo libro de ciento y pico páginas de letra gorda, que ha valido mi más sincera recomendación.

Para mí es siempre un placer leer a los italianos en la propia lengua, me interesan la lengua y cultura italianas, no en vano he realizado proyectos escolares con compañeros de allí mismo, de Bivona, junto a Caltanissetta, Racalmuto, Agrigento y Sciacca (Pienso que esta historia, situada en un pueblo de cuyo nombre no quiere hacerse mención, pues tan sólo aparece con una S, se desarrolla en Sciacca, preciosa ciudad balneario muy recomendable).

…Otro día os contaré los tiroteos que oí a lo lejos, desde Corleone.
Espero que hayáis disfrutado del libro.

LOLA ACOSTA


 











viernes, 13 de noviembre de 2020

Limónov

Sesión virtual del Club de Lectura abierta el 13 de noviembre de 2020,

por confinamiento debido al COVID-19


Obra: Limónov
Autor: Emmanuel Carrère
Presenta: Carmen Guillén


Con esta obra nos acercamos a la vez a dos escritores contemporáneos, ('un dos por uno'), escritores que llegaron a conocerse y cruzarse en los últimos años: uno francés, más joven y en activo actualmente, el otro, ruso —activista político, vagabundo, militar... además de escritor— que acaba de morir en este 2020 a los 77 años, y que es el personaje protagonista de la obra que nos ocupa: "Limónov", obra que ha sido fructífera para ambos. Para Carrère en forma de premios, ventas y reconocimiento de crítica y público. Para Limónov (Eduard Savienko) porque lo ha dado a conocer más allá de Rusia y de algunos círculos franceses, y, aunque no se reconozca del todo en el personaje que crea Carrère, dio su consentimiento al libro que  este preparaba.
¿Por qué la he propuesto como objeto de lectura para nuestra tertulia mensual?
Porque creo que tiene un doble motivo de interés: por un lado, el acercamiento a alguien singular, poliédrico, héroe/villano, que nos puede producir rechazo desde el punto de vista ético, pero con una vida no convencional, marginal, que lo convierte en perfecto protagonista de novela, y al que la mayoría no conocíamos a pesar de su éxito en Rusia; por otra parte, la inmersión en la URSS y en la Rusia de la 2ª mitad de s.XX y principios del s.XXI que hace Carrère desde su posición privilegiada (familia, conocimiento directo...) resulta el otro punto fuerte de este libro, y lo convierte en una obra muy recomendable, según mi opinión.
Espero que a algunos/as les haya servido para descubrir a Carrère, si es que no lo habían leído antes, y del que puedo recomendar también su obra "El adversario".
Acompaño esta breve presentación con un boletín, con detalles y algunas imágenes.





jueves, 15 de octubre de 2020

Ordesa

 Sesión virtual del Club de Lectura abierta el 15 de octubre de 2020,

por confinamiento debido al COVID-19


Obra: Ordesa
Autor: Manuel Vilas
Presenta: Araceli Callejo


Cuando propuse la lectura de Ordesa respondía al compromiso, conmigo misma, de terminar de leer el libro que apareció por mi casa el verano de 2018, que compartíamos, a la vez, su lectura entre los miembros de mi familia, y que no se sabe cómo ni cuándo, al final de ese verano, desapareció de casa dejándonos a medias. 

Manuel Vilas Vidal, nació en Barbastro en julio de 1962. Se licenció en Filología Hispánica en la Universidad de Zaragoza. Fue profesor de secundaria durante unos 20 años. Poeta, ensayista y narrador celebrado en lo que llevamos de siglo, colabora con prensa, como el Heraldo de Aragón y El Mundo, con periódicos el grupo Vocento, así como las secciones literarias de la Vanguardia, El País o el ABC Cultural. Colabora también con otros medios de comunicación como la Cadena Ser. Actualmente vive entre Madrid y Iowa City.

Ha sido galardonado con numerosos premios, sobre todo en poesía: el primero le llega en el 2002 con el Premio Pedro Saputo de las Letras Aragonesas por el libro de cuentos Zeta. Premio Jaime Gil de Biedma (2005) de poesía por el libro de poemas Resurrección, en 2008 recibe el Premio Fray Luis de León de Poesía por el libro de poemas Calor, premio Internacional de Poesía Ciudad de Melilla (2012), primer Premio “Antonio Machado” (2013) de Poesía por el poema Creo, premio de Poesía Generación del 27 (2014). Premio de las Letras Aragonesas (2016). En 2019 es finalista del Premio Planeta con su novela Alegría y el mismo año recibe el premio francés Femina Etranger por Ordesa.

Sus primeras publicaciones poéticas datan de 1982 con El sauce (Instituto "Fernando el Católico"). Sigue publicando y mucha poesía. En 2005 publica y es premiado su poemario Resurrección, al igual que Calor en 2008. En 2015 aparece su poemario El hundimiento. Al mismo tiempo escribe ensayo, relatos y novelas. En cuanto a estas últimas se puede destacar: España (DVD, 2008), Aire nuestro (Alfaguara, 2009), Los inmortales (Alfaguara, 2012) El luminoso regalo (Alfaguara, 2013), Lou Reed era español (Malpaso, 2016), Ordesa (Alfaguara, 2018), Alegría (Planeta, 2019) finalista premio Planeta 2019.
 
Se le está considerando como uno de los grandes poetas españoles de su generación, su estilo integra con naturalidad el discurso realista con las imágenes visionarias. Como narrador ha desarrollado una importante labor crítica de la cultura, y en sus obras abunda la parodia, los mitos del pop y la reflexión sobre el capitalismo. 

La novela que nos ocupa, Ordesa, fue un fenómeno literario en España, con 14 ediciones en menos de un año y más de cien mil ejemplares vendidos. Ha sido libro del año 2018 para medios como El País, La Vanguardia, El Mundo, El Correo, entre otros muchos. Ordesa ha sido editada en varios países, como Estados Unidos, Francia, Alemania, Polonia y Reino Unido. En enero de 2019 aparecieron las traducciones al italiano y al portugués. 

Según ha expresado en diversas ocasiones, la muerte de su madre y el divorcio de su mujer significaron para él la destrucción de sus dos familias, de la que fue hijo y la que fundó como padre, y entonces se dio cuenta de que "un ser humano que vive sin familia es como un perro apaleado". En una entrevista a la agencia Efe explica cómo "El dolor ante la pérdida de mi madre fue como una especie de huracán en mi interior. Me di cuenta de muchas cosas, de algo que yo no sabía, que era el inmenso, enorme y salvaje amor que yo tenía a mi padre y a mi madre. Pero me di cuenta tarde". Esos sentimientos son la piedra angular de Ordesa, que es una especie de biopsia de sus sentimientos pero también de esa España en la que creció: “Creíamos que éramos clase media y un día descubrimos que éramos clase baja, sin más. Cuando ves que tu padre tiene enormes dificultades para llegar a fin de mes, se te mete ese olor a pobre. Una de las grandes decepciones de mi padre fue pensar que él era clase media, y un día se dio cuenta de que era un trabajador, que era de clase baja, España es un país en el que es imposible quitarse "el olor a pobre". Y Vilas dice que todavía no se ha quitado ese olor. La historia de su familia es la historia de miles de familias españolas, y Manuel Vilas atribuye esa alienación de clase a la complejidad del capitalismo, del que dice es imposible mantenerse al margen "Pensamos en un momento determinado de la historia en que la vida familiar y la vida privada eran una frontera para el capitalismo, que el capitalismo no entraba en la relación que tú tienes con tu padre o en la relación que tú tienes con tu mujer, o una mujer con su marido, que hasta allí el capitalismo no entraba. Pero eso es mentira"

Ordesa es una crónica íntima de la España de las últimas décadas, pero también un relato sobre todo aquello que nos recuerda que somos seres vulnerables, sobre la necesidad de levantarnos y seguir adelante cuando nada parece hacerlo posible, cuando casi todos los lazos que nos unían a los demás han desaparecido o los hemos roto. Y sobrevivimos. Es el álbum, el archivo, la memoria sin mentira ni consuelo de una vida, de un tiempo, de una familia, de una clase social condenada al mucho esfuerzo y al fruto escaso. […]. “Había desvaídas cartas de amor antiguo, inocentes y tiernas cartas de juventud, las cartas de la madre de mi hijo y de quien fue mi mujer. Le he dicho a mi hijo que pusiera eso en el cajón de recuerdos. Hemos puesto allí también fotos de mi padre y una cartera de mi madre. Una especie de cementerio de la memoria. No he querido, o no he podido, detener la mirada ante esos objetos. Los he tocado con amor, y con dolor”. Hace falta mucha precisión, una claridad y una contundencia poderosa para contar estas cosas, hace falta un buen bisturí, el punzón que pincha el globo de la vanidad y expone la vida normal de una familia de clase media-baja normal en una España que empieza a ser casi normal. Lo que queda al final es la limpia emoción de la verdad y el desconsuelo de todo lo perdido. 

Ordesa es a la vez crónica de una orfandad o quizá de un desamparo profundo, el del narrador de esta historia y puede que también, el de toda la clase media-baja española en las últimas décadas del siglo XX y primeras del siglo XXI. El desencadenante de la historia narrada es la muerte de la madre, a comienzos de 2014, casi una década después de que lo dejara también su padre a causa de un cáncer de colon. Un segundo luto que viene agravado por el casi simultáneo divorcio del narrador. Un narrador sin nombre de cincuenta y dos años —aunque un tío paterno afincado en Galicia al que no ha visto en los últimos treinta años lo identifique al teléfono en algún pasaje como Manolito—, un escritor, nacido en un pequeño pueblo del norte de España, Barbastro, que se parece mucho al autor de carne y hueso. Es un tributo o póstuma carta de amor a sus padres ausentes: "Me di cuenta de que la única manera de decir ese amor era escribiendo un libro porque ellos dos ya no estaban en el mundo. Esa es la naturaleza del libro: el fundamento del libro es una carta de amor a un padre y una madre que ya se han muerto". Ordesa también trata el tema universal de la relación entre padres e hijos. Y el epílogo del libro está formado por una serie de poemas que dedica a sus hijos, protagonistas de los últimos capítulos de la novela, así como a sus padres: “Un hijo se da cuenta de que quiere a su padre y a su madre tarde. Eso está en la naturaleza" [...] “Uno no se queda huérfano cuando mueren sus padres. Se queda huérfano cuando se convierte en padre de sus padres, cuando empieza a tener que cuidar de sus padres como ellos cuidaron de él, cuando sus padres ya no son el pilar que lo sostiene y le da seguridad en el mundo, sino que le obligan a su vez a convertirse en el pilar y sostén de sus padres. Se convierte uno así en su propio abuelo y ya sabemos que los abuelos casi nunca tienen padres. Tienen hijos y nietos, pero pocas veces padres. La mayor parte de las veces, cuando nuestros padres mueren ya hace mucho que somos huérfanos, tan solo pasamos a ser huérfanos desarraigados” […] "Ojalá mi padre volviera de entre los muertos y pudiera sentarse a mi lado".

Ordesa es un relato híbrido, estructurado en breves capítulos enlazados de manera aparentemente azarosa o falsamente caótica, que indaga con notable intensidad en el desamparo y el desarraigo en todas sus manifestaciones y formas: desde la contundente prosa poética, a la cristalina o diáfana postal del recuerdo o la ácida estampa del presente, sazonada con un sentido del humor implacable, pasando por la aguda reflexión política y social sobre la historia española reciente. Creo que no es una novela en el sentido estricto. Ni siquiera es una novela biográfica, o como se ha calificado una moderna autobiografía. Ordesa, en mi humilde opinión, es un libro de memorias. Me atrevería a decir que es un libro de memorias desordenadas, escritas tal como van llegando. A retazos nos habla de los hijos, de sus tíos, del divorcio, de sus alumnos, de la docencia, de su alcoholismo... de sus padres, siempre de sus padres, omnipresentes, casi diría yo motores del libro, motores de la vida del autor. Rezuma una profunda verdad, que va más allá incluso de las fotografías familiares intercaladas en el texto a la manera de testimonio indudable. Construye una honesta primera persona que no hace concesiones y está dispuesta a narrarlo todo, incluso aquello vergonzoso o humillante que el recuerdo astutamente quiere ocultar. Quizá porque, en el fondo, la materia de Ordesa no sea otra que la vulnerabilidad de lo que somos, el dolor de la pérdida, y la precaria afirmación de lo que nos sostiene en nuestro día a día, que suele ser a menudo la ausencia de aquellos a los que hemos amado.

Ordesa, según afirma el propio Manuel Vilas, fue una terapia, y durante su escritura aprendió a "amarse a sí mismo" porque "en el momento en que te entiendes con tu soledad la vida es mejor, más vivible". Afirma también que la literatura siempre ha sido un auxilio para la gente. Mucha gente ha leído a Shakespeare con una idea de auxilio o ha leído a Cervantes con una idea de encontrar en la literatura modelos de vida que ayuden a entender la vida. La ficción ayuda a entender tu propia vida".

En los tres primeros capítulos nos daremos cuenta que explicita a grandes rasgos el resto de la obra. Pero si nos leemos con detenimiento el primer párrafo: “Ojalá pudiera medirse el dolor humano con números claros y no con palabras inciertas. Ojalá hubiera una forma de saber cuánto hemos sufrido, y que el dolor tuviera materia y medición. Todo hombre acaba un día u otro enfrentándose a la ingravidez de su paso por el mundo. Hay seres humanos que pueden soportarlo, yo nunca lo soportaré”.es una declaración abierta y transparente de su "estar en el mundo", de la contingencia del ser humano y de la ingravidez de nuestro paso por el mundo y si además nos quedamos, huérfanos, nos quedamos sin referentes, se nos cierran las puertas a mucho conocimiento que se llevan con ellos. Tal vez porque no quisieron responder o tal vez porque no supimos o no quisimos preguntar. Manuel Vilas nos cuenta todas las cosas que quedaron ignoradas porque ya nunca podrá preguntarlas. "Mi abuelo, que no sé quién fue, ni qué nombre tuvo, ni cuándo nació ni cuándo murió [...]"Mi abuelo fue un nicho a la deriva. No sé ni dónde está enterrada mi abuela". Eso, de los abuelos paternos. De su abuela materna no sabe ni el nombre. La llama Cecilia porque Santa Cecilia es la patrona de los músicos. A todos sus familiares les dará nombres de músicos: Vivaldi y Brahms, a sus hijos. "He decidido usar esos nombres para llamar a mis hijos. Nombres nobles de la historia de la música. Todos los seres queridos serán bautizados con nombres de grandes compositores". Juan Sebastián Bach y Wagner a su padre y a su madre, respectivamente. Casi todos los personajes terminarán teniendo nombres de músicos ilustres. 

¿Por qué Manuel Vilas decide renombrar a los protagonistas con nombres de músicos, qué paralelismos hay entre Bach y su padre y entre Wagner y su madre. Y sus hijos: un músico barroco y un romántico? Por su parte, él es Arnold Schönberg y su ex-mujer Mozart. Si alguno de Vds. ha logrado encontrar información o explicación les agradecería la compartieran.

Muchas gracias.
Araceli Callejo













jueves, 25 de junio de 2020

Cara de pan

Sesión virtual del Club de Lectura abierta el 25 de junio de 2020,
por confinamiento debido al COVID-19



Obra: Cara de pan
Autor: Sara Mesa
Presenta: Asunción Cabello



Compañeros y compañeras en el saber:
Cuando oferté Cara de pan no podía imaginar que entregaba una chica de Casi catorce años a Entrelíneas Malacitana, poco antes de que el mundo se sintiera arrasado por un virus coronado llegado de Wuhan, implacable homicida invisible, obsesionado en pegarse a la piel. Aun así, la preadolescente superó el desempate contra El amor en los tiempos del Cólera y el encabezonamiento de: Therese Desqueyroux en negar el español a su relato.
Sara Mesa:
Nació en Madrid, 1976. Siendo niña se trasladó a Sevilla con su familia, ciudad en la que actualmente reside. Licenciada en Ciencias de la Información y Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla. Fue madre a los 22 años. Comenzó a escribir a los 30. No he encontrado mucho más en internet, solo algunas entrevistas en las que se le escapa algún detalle vivencial relacionado con el libro del que esté hablando. J.A. Masoliver Ródenas, La Vanguardia, dice «Los lectores nos sentimos atrapados por esta fascinante escritura, que es, a un mismo tiempo, oscura y luminosa»
Obras:
Este jilguero agenda, 2007 (Premio Nacional de Poesía «Fundación Cultural Miguel Hernández»)
La sobriedad del galápago, 2008 (Libro de relatos)
No es fácil ser verde, 2009 (Libro de relatos)
El trepanador de cerebros, 2010 (Novela)
Un incendio invisible, 2011(Novela. Premio Málaga de novela. Edición revisada 2017)
Cuatro por cuatro, 2012 (Novela. Finalista del Premio Herralde de Novela)
Cicatriz, 2015 (Novela. Premio Ojo Crítico de Narrativa)
Mala letra, 2016 (Libro de relatos)
Cara de pan, 2018 (tiene su germen en el relato “A contrapelo”)
Silencio administrativo, 2019 (Ensayo)
Un amor, 2020 (Novela)
Su obra ha sido traducida en EE. UU., Italia, Holanda, Francia, Alemania, Grecia, Portugal, Serbia, Dinamarca y Noruega

CARA DE PAN
Comenzamos la aventura siguiendo a Casi fuera de la legalidad. Nos incomoda esa niña que huye de los trabajos en grupo, odia el mote que Marga, compañera de clase, ha elegido para ella, no perdona que su hermano la cambie por un master en Londres, que sus padres la ignoren. De golpe entra en escena un Viejo de cincuenta y pocos inviernos con conocimientos exhaustivos de todo tipo de pájaros y seducido por una cantante: Nina Simone, y habla con Casi. De qué, de lo que conoce. Quién es este tipo grandote que camina con pies planos, lleva ropa elegante pero sucia en el bajo de los pantalones, los puños de las mangas; cuelga a su espalda una mochila verde tipo militar cargada con prismáticos, móvil, toalla deshilachada, libro de aves. Casi no le pide que se vaya aunque prefiere estar sola, deja que se siente frente a ella, medio oculta en el hueco de un olmo siberiano en un parque de ciudad, y le enseñe lo que sabe. Tres meses así dan para mucha intimidad. La gente puede pensar cosas raras. Qué cosas. Mesa sabe que la sombra de Lolita pulula muy cerca, pero se toma su tiempo en desvelar que aquí no hay ningún Humbert Humbert. Así, cuando parece que la trama se eterniza en un estancamiento rutinario de una amistad que incomoda, inquieta, cansa. Salen los secretos, varios y duros. A Casi no le basta deslumbrar al Viejo reconociendo distintos niveles de clases de pájaros por su canto, ni engatusarlo con que le interesa la historia que cuenta sobre una contralto, compositora y pianista estadounidense de jazz, blues, soul. Casi se aburre y escribe un diario de mentiras. Tiene cara de pan, abundantes granos, sobrepeso, sufre “bullying” escolar. Un narrador omnisciente la desmenuza sin poner igual empeño en el visitante discapacitado mental nacido de un pecado inconfesable entre su madre y abuelo, y, aunque sabe de pájaros y de Nina Simone más que nadie en miles de km. a la redonda, no da confianza al humano de hoy por su actitud sospechosa en tiempos de pederastia.
Pues bien. Nos queda colgado un deseo «Cómo entender las inquietudes de Sara Mesa». Para ello hay que adentrarse en la turbiedad de sus relatos. Dice querer transmitir sensaciones con las palabras, hablar desde el extrañamiento y que su guía es la intuición. Se siente cómoda en narraciones cortas, lugares acotados, escasos personajes… Ahí está ella.
Estimada familia lectora.
Quizá os preguntéis por qué elegí Cara de pan entre mis recientes lecturas. Sentí interesante el punto de vista de un tema hiriente muy actual, pisando despacio la ambigüedad, el desasosiego. "Es como si un elástico estuviera dentro del cuento, tensado todo el tiempo", aventura Mesa en una entrevista.
Y, aunque Mesa no es Nabokov ni 2018 es 1955, nos dejamos envolver en su inquietante propuesta hasta el final.
Hoy, sin dejar de leer nuevas historias que nos regalen otros mundos en espacios desiguales, pidamos encontrar un nuevo Edward Jenner, 1796 (inventor de la primera vacuna de la historia [contra la viruela]) imprescindible para recuperar la serenidad perdida frente al asesino del siglo.
Cuidémonos con tres medicamentos imprescindibles: distancia, mascarilla y desinfección de manos.
Un beso
Asunción